-Doña Anina, como le decía, le estaba explicando que nos sentábamos en las piedras, allá detrás del rancho dónde poníamos las acuas del maíz para los envueltos, la difunta y yo allá atrás con las vacas.
-¿Y qué se ponían a hacer ahí sentadas quietas? ¿hablar?
-No, no, sumercé. Quemábamos cuerda, como las pitas, las del fique que sacaba mi papá con las manos, yo también sabía sacar desas para venderlas, pero luego ya se podía hacer a máquina entonces todas las cabuyas que sacábamos eran para cosas de la casa.
-Bueno y eso ¿Qué o qué comadre?, ¨¡'pure cuente que ahorita toca ir a recoger las flores!.
-Que se ponía como loca, como si le gustara ver eso ardiendo y en una desas me quemó a mi. A mi me parecía entretenido pero quemar las cuerdas porque luego mi papá estaba regañando a mis hermanos, tendría yo ¿qué? unos ocho, nueve años y era muy jodida pero mis papás creían que no era yo. Analía cogía una cajita de fósforos que se había robado en la escuela y las dos empezábamos queme y queme y...
-Pero comadre Luz, ¿eso qué tiene que ver con todo esto?
-Pues lo que le digo comadre, esa me quemó una vez y de ahí para allá siguió quemándome. Cogía los fosforitos y se hacía la que iba a quemar las cabuyas pero terminaba quemándome a mi y yo no sé por qué no le decía nada. Yo en mi cabeza pensaba que estaba loca, eso me habían dicho mis papás, que Analía la hija de los Herrera estaba loca, y me dejé quemar muchas veces hasta que se fueron de la vereda.
-¿Osea que sumercé está diciendo que ella incendió la casa?
-Así mismo comadre, yo creo que a la doña le gustaba quemar cosas y quién sabe qué estaba haciendo y lo quemó todo.
-Uy señora Luz, ¿a usted no le parece cizañero estar hablando así ahorita de ella?
-¿Cizañero?, yo sólo le estoy comendando algo que se me ocurrió, uno no sabe y ella haya sido así toda la vida
-En todo caso, apure en el camino me cuenta que el entierro empieza a las dos.
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nadita