Estoy harta de ser yo. ¡Harta!: cansada de ser como un pedazo de chicle debajo de una mesa, que cada vez que alguien me toca ponga cara de asco. Esa soy yo.
Cansada de sufrir tanto, me imagino y sueño con una vida fácil, ¿han visto a las personas que no tienen que luchar por cada suspiro?, yo cada vez que respiro siento el esfuerzo en mi corazón, en mi pecho, se me queman los pulmones, como si estuviera pasando ácido. Así se siente también cada vez que lloro y yo que lloro todos los días. Cansada de ser la persona con la que nadie quiere estar más de dos años y uno diría que dos años son mucho pero a mi me quedan cortos, cuento con los dedos y las uñas que me pinto de esmalte amarillo barato, porque también pobre soy, la cantidad de personas que se aburren de mi en dígitos binarios, en doces y dos años y dos meses. Quisiera devolver eso, porque estoy cansada de prestarle atención a las personas y recibir cero a cambio, de pronto sí tengo autoestima, de pronto por eso me duele tanto que la gente me ignore y me cansé, ¡se acabó!, ¡se acabó conmigo!
Nadie más va a volver a sentir que no me puedo ir, porque me voy a morir en serio, me voy a tomar tres botellas de vodka, tres tarros de tramadol, una pepa bien azulosa y decirles a todos adiós. Me voy a tirar otra vez encima del carro que hoy me pitó. Para que me extrañen, como nadie me extraña nunca, para que les duela haberme tratado como chicle pegajoso y asqueroso, chicle lleno de pelos en mi escritorio rayado de colegio público. Me voy a convertir en una Hannah Baker perezosa, unirme a mis compañeros en el lodo. Llorar.
Total, ¿Cuántos motivos me quedan viviendo o para vivir la vida?, cero, absolutamente ninguno. No hay nada que contar, ya muchas señales del cielo de que la debería petar, reventar esta vida de mierda que me persigue pero no es yo. El día que Tequila muera, yo no voy a estar, todos están aclimatados a la idea de perderme pero no a que me van a perder y eso es muy diciente de mi. Adiós, arrivederchi, au revoir, estoy cansada de ser el segundero y me importa un culo que el reloj se vaya a trabar. Alguien allá arriba decidió no darme ni un minuto de mi nombre y por fin me lo voy a jartar.
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nadita