disclaimer

no sé escribir pero quién sí sabe?

sábado, junio 22

CERRANDO

Y sí, sentía que el cuerpo se me estaba apagando, pero no como cuando uno tiene mucho sueño o está cansado. 
Casi podía sentir que se me estaban cayendo parte por parte cada una de mis extremidades, puedo imaginarme a cada uno de mis órganos pasándola como en esas películas de Destino Final, que aparte de ser terribles, se empiezan a morir un montón de personas hasta que no hay más, o bueno, lo que sea que pase, de seguro no me acuerdo porque detestaba esas películas. 
Riñones adios, 
pulmones también, 
mis ojos se apagan, 
mi cerebro tampoco funciona muy bien, 
adios, 
adios, 
mis pies no sirven, 
las manos tampoco, 
mi sistema digestivo colapsado, 
todo me da risa, todo me molesta demasiado, hay parches aquí y allá, bata, agujas, risas, "yo sólo quiero dormir", pero con efe. 
Mamá.

A veces cuando estaba pequeña escuchaba ruidos en mis oídos, y de inmediato asumía que una cucaracha había decidido hacer nido ahí; imaginaba el montón de cucarachitas saliendo de la coclea o el caracol o lo que sea que hay en los oídos, cerraba los ojos y pensaba que no, que eran hormigas trabajadoras. Por alguna razón extraña creía que era mi cuerpo trabajando. En la oscuridad de las noches, el cuerpo funcionaba como una maquinita de película vieja. Pitos y tuercas. De seguro era alguna especie de tinnitus o alguna cosa por el estilo. Me reconfortaba la idea de la gran máquina, sobre todo porque estaba obsesionada con el cuerpo humano y los documentales sobre cuerpos humanos, grandes, chiquitos, muertos, sobre todo muertos.

Ahora estaba aquí yo, la maquina estaba fallando, yéndose al carajo, volviéndome loca, ¿mal funcionando?, eso siempre, no, no apagándose. 
Un festival deprimente terminando, 
podía escuchar las luces y las máquinas apagando su viaje corto y horrible por este planeta. ¿Bueno, así nos vamos a morir?, ¡cobardes! ¡desgraciados!, ¡así no se muere uno! , ¡se muere por mano propia!

Por mano propia, como ese libro que estaba leyendo en abril, ya ni me acuerdo qué era, sólo que reforzaba mis ideas sobre el suicidio. 
Siempre me voy a morir por mano propia, yéndome cuando quiero, cuando yo me quiera ir me voy. Doctor, y usted me pregunta ¿qué haría si me muriera mañana?
Si me muriera mañana por supuesto que me mato hoy, o me hubiera matado ayer, perdón, ¿qué tal?, yo no le voy a dar ese gusto al destino, de decirle que me llevó, me llevé yo, llevada es que estaba yo. 
Me importa un grandísimo culo que mis ideas sobre la vida sean erróneas, me hacen daño a mi. 
De seguro no sólo mis órganos son cobardes, la cobarde soy yo.

Y sí, sentía que mi cuerpo se estaba apagando, pero desgraciadamente no se apagó.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

nadita