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no sé escribir pero quién sí sabe?

domingo, enero 3

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 A veces me acurruco en la esquina de los cuartos y me cubro los oídos esperando escuchar las sirenas y posteriormente las bombas. La mayoría de veces estoy escuchando un montón de ollas de aluminio caerse constantemente, el sonido bombardeando mi cabeza, traduciéndose y estirándose, deletreándose y gritando abandono al unísono, todas las ollas rompiendo en sonidos estridentes de abandono.

Cuando abro los ojos, me doy cuenta que todas las ollas están en su lugar, y que de hecho no hubieron sirenas ni bombas, que el mundo estaba en paz, como mi nombre, pero yo estuve acurrucada todo este tiempo llorando y con miedo de convertirme en alguna suerte de escombro regado por todo el suelo. Abandono, sólo escucho el abandono envolverme y comerme, estoy en sus fauces gritando y llorando y diciéndole que por favor no se acerque más.

A veces es una palabra mal escrita, otras veces es esa mirada, la mirada de la gente cuando lo ve a uno como un papel translúcido, como si no lo estuvieran viendo. Abandono. Esa es la mirada que me da la gente cuando no quiere estar conmigo a pesar de que digan otra cosa, esa mirada me ha recorrido tantas veces con las personas que más me querían, hasta el punto de la expresión verbal, y a esas miradas sólo les devuelvo una sonrisa y digo que todo está bien, que no importa porque esa es la manera en que yo me veo también, como esta persona que no merece amor, ni respeto, ni que nadie quiera pasar su tiempo, preciado tiempo, conmigo.

Otras veces es el temido visto. Odio que me dejen en visto. Abandono. Mi vida siempre es el color azul que monopoliza el otro lado de la conversación, soy este fastidio encarnado en persona a quién nunca le responden. Abandono. Los perros empiezan a ladrar en mi cabeza últimamente por el visto, me escondo de los brazos de mi hermano a las tres am después de las sesenta gotas de tramadol para no sentir el dolor físico y cerebral. Un hueco en mi pecho se abre camino y me ahogo y mi voz de las compulsiones empieza a gritar una verdad que no quiero aceptar: la gente no te quiere lo suficiente como para escribirte de nuevo. El visto me grita a los ojos, me corroe; es una serpiente enrollándose en mi cuello y ahorcándome aunque ahora sé que de nuevo tengo ataques de ansiedad y no son serpientes, todo por un visto. Eso es lo que me dan las personas que no quieren hablar conmigo a pesar de que digan otra cosa, ese visto que he observado con lágrimas en los ojos tantas veces de las personas que más me querían, hasta que me lo expresan: "Estás loca y tienes que dejar de ser narcisista, mi vida no gira en torno a ti, aprende a estar sola".

Y entonces viene la rabia, yo sé estar sola, yo sabía estar sola antes de que llegaran mis mejores amigos con su amor obsesivo y sus mensajes cada dos minutos, yo era yo. El problema de la gente que más me quiere, es que cuando no les sirvo y no les sirven comportamientos aprendidos entonces soy yo la persona que es agotadora. El problema es que cuando yo estoy deprimida o feliz o neutral siempre tengo que ser la misma persona que responde mensajes y acepta salidas, pero cuando es del otro lado: "no la acoses, tiene ansiedad social", "estaba triste y no quería responder", ese es el lado del no egoísmo. Cuando la gente repite como culebrero que hay que tener responsabilidad afectiva, empiezo a ver actos masturbatorios, "la gente debería tener responsabilidad afectiva conmigo", y con nadie más... 

3 comentarios:

nadita