Me duele el pulmón, pero no sé cómo explicarlo. Me duele y me punza, me duele y no me deja. Cuando me duele el pulmón, me empieza a doler el alma. Empieza desde la escena microscópica hasta la invasión macroscópica. Me duele. Me duele el pulmón y siento que me ahogo, y entre más siento que me ahogo, ¡peor!, siento que me hundo en un charco, no respiro, no soy.
Una vez hace muchos meses, casi me ahogo en un vaso de agua, una jarra de agua en realidad, tenía un color parduzco, amarillento. Heisengberg me dijo que era infección, y yo empezaba a toser, el agua tibia recorriendo el tubo. De la aguja al tubo del tubo a la jarra. Me ahogo y siento que me comprimo, me apeñuzco y me muero. Me vuelvo orgánica e hiperconsciente y cuando me vuelvo hiperconsciente, me quedo catatónica. Me acurruco en una parte de algún lado y meto mi cabeza entre mis piernas mientras lloro aunandole a la falta de aire, una amalgama de partes de un cuerpo que se niega a separarse en una explosión, implosión. Me duele el pulmón y no quiero que me duela.
Se siente como un ruido sordo, un golpe que no existe, creo que no es ni el pulmón, es el páncreas que toca el pulmón y me destruye y pronto, pronto, tendré un pneumotórax y luego luego, un pleurevac con colores de vitrales, subiendo y bajando con agua parduzca, con olor a putrefacción, una cama pintada de necrosis color tarde, un tubo de cierto porcentaje de pvc, tubo que se siente como una espada, una daga, un seppuku, una bolsa llena de piedras saltando al ritmo del punk.
Cierro los ojos deseando que desaparezca, sin ayuda de nada, así como empezó. Así por lo menos ahora, que estoy sola nadie se da cuenta, nadie me va a mirar así como pasaba antes, gente dándose cuenta que soy un fenómeno que no sabe respirar. A veces olvido como respirar y me doy cuenta cuando ya no tengo oxígeno, entonces tomo un respiro profundo y llega el dolor incluso aunque haya espacio y las siluetas estén completas. Quizá eso explicaría que a veces me desmayo en la calle, que fue mi culpa por no ser normal, que cuando me levanto de semejante golpe estúpido no van a haber rostros cercanos preguntándome dónde está mi mamá. Mi mamá no puede cuidarme toda la vida, entonces intento cuidarme yo aunque fracase estrepitosamente. Mi papá no puede preocuparse más y mirarme con asombro. No hay ventiladores disponibles, ni puedo acostarme boca abajo, ni puedo poder. Me duele el pulmón, me ahogo, me siento a comer.
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nadita