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no sé escribir pero quién sí sabe?

sábado, marzo 2

caracal

Siempre he sido una envidiosa, nunca he poseído la capacidad de apreciar lo que el destino me ha dado. Todo siempre ha tenido un pero, un no, un "esto está mal", una queja, todo siempre era feo e invivible, y bien sé ahora que era una estúpida desagradecida y sigo siendo una envidiosa, aún peor.
Me da envidia ver a los niños saltando porque a mi ya se me olvidó saltar, me da rabia cuando mis amigos se quejan de sus vidas cuando tienen sus cuerpos perfectos, incluso aunque solía quejarme de la gente que usaba ese argumento para que yo no me quejara, lo entiendo, lo acepto, no hay nada peor que estar incompleto, mentalmente y físicamente sobretodo.
Lo mental tiene pérdida, es un viacrusis sin dolor, es un dolor fantasma, como que duele el corazón pero sin doler, a excepción de los ataques de pánico, podía caminar y medio calmar ese rompimiento, con música, con animales, sentandome en la biblioteca, con comida, con la libertad de usar el vaso como se me daba la puta gana.
Mi cuerpo no poseia talentos milagrosos, a decir verdad se me daban muy mal todas las cosas, no sabía bailar, era torpe y los deportes me daban miedo, pero servía. Las escaleras no eran el Everest, la comida hacía proceso de digestión, bien si era un litro de helado mejor si era espinaca hervida, no necesitaba sostenes, me podía sostener yo.
Y ahí está el dolor mental, ¿por qué siempre tengo que pensar en el pasado como un mejor presente?, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?
Ahora soy un vaso roto.

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nadita