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no sé escribir pero quién sí sabe?

martes, octubre 13

pararse

 las tribulaciones de encontrar la manera de pararse de alguien como bonita son mayores, ¿sabrá entonces que se para bonito?, digamos que es la curvatura de los pies la que permite el porte, después de los saltitos, ¿sabrá entonces que se para bonito? ¿sabrá entonces que encontré bonito el cómo se para?, las tribulaciones de no encontrar la manera de pararse de alguien como bonita entonces son: no encontrarle, no encontrar el gesto exacto con las piernas, estético de los tobillos hacia arriba, no pensar que es la altura suficiente, los zapatos suficientes, lo estéticamente suficiente y aunque no me crean es un juicio desinteresado, aunque maria mercedes diga que todo gusto es juicio interesado yo ya me desinteresé porque nunca pretendí nada más allá de la mera contemplación estética, nada más allá de lo particularmente odioso que es reprimir el deseo, porque aunque no pretendí, sí lo guardé en un cofre con todo lo que me tortura y me aflige de sentir, sentir deseo carnal o romántico es un pequeño desastre aunando a la catástrofe, de lo particular a lo general, de lo pequeño a lo grande, ¿sabría él que se paraba bonito?, sabría yo entonces que ya no tengo gusto, ni tampoco juicio, ni ceguera, que cerré los ojos y sentí chispitas recorrerme los pies cuando alguien puso los suyos encima mío y que me comuniqué a través de canciones y sonrisas con mayor desinterés interesado, que ahora o entonces descubrí que podía sentir deseo sexual pero remediado y mediado por la inseguridad, que entonces cuando estaba sentada con una cabeza recostada en mis gordas piernas, como aquél día que tuve una cabeza en mi hombro y me quedé mirando al vacío, empecé a sentir que ya no sentía nada y me aferré a lo poco que me queda de las tribulaciones de encontrar la manera de pararse de alguien como un gesto bonito, deseé volver a ese transmilenio, sentada en la ventana, mirando piernas largas y abrigos suavecitos, deseé volver a sentirte en medio de las cejas y arriba de la nariz estorbando pero ya no estabas ahí, estás como asoko y yo soy koko, yo ondeando las banderas seguí esperando mientras se rompió la pulsera y cayó por la alfombra como una señal, dije para mis adentros: "señal", pero ella la tomó y la reparó y quedó perfecta, con las letras pintadas con esmalte negro que nunca podré ocultar 

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nadita