Cuando desperté escuché al pájaro carpintero ruso dentro de mi oído, aún no para. Al sonido del pájaro no pájaro, conté los clics, eran varios. Me dijeron que una vez puesto entonces no lo dejaría de escuchar, estaría ahí para la eternidad y la eternidad entendida desde la humanidad es finita pero sigue siendo eterna, yo sabía que era eterna.
Alguien, en el otro cuarto tocaba una tonada triste, a veces eran chillidos melódicos pero gritones y tristes, siempre tristes, o si no era una guitarra nada turbulenta, como esas cosas que tocaba cuando era niña y no aprendía a tocar la guitarra y los perros ladraron en la calle, y en el tejado un gato profanó un gemido de pelea y yo solté un lamento de dolor y nunca desperté, pisé la mina.
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nadita