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no sé escribir pero quién sí sabe?

lunes, septiembre 21

libelúngos

Esta es una carta a la nada. La nada es este no lugar en el que siempre me ubico. Ubicarse significa pararse entonces en un espacio. El espacio es…, no sé qué es. A decir verdad, la nada, los lugares, todo eso está en mi mente, como la rutina, como pagar dos mil cuatrocientos; lejano, en un no lugar y un no espacio. La nada me absorbe. Me parece así, sentir que no siento nada, que una yo que hace algunos meses pensaba o creía ya sólo está flotando en la nada. Me parece pensarme transparente, pero porque no puedo ser vista y que cuando soy vista entonces quiero ponerme efervescente para entonces ser invisible. Invisible. Invisible quiero ponerme a veces, pero soy ruidosa no tenue, existo en modo arcoíris, visual. 

Mamá: soy mi tipo ideal. Me gustan los arcoíris y la gente con gestos absurdos, me gusta la gente melódica, metódica, rítmica, movida por las ondas y las olas. Mamá, soy mi tipo ideal pero no me encuentro, sólo sigo en una constante disertación equívoca, llegando mal o nunca llegando al punto de la tesis, defendiendo algo que no sé qué es. Blanca como la incertidumbre, excesivamente académica, academizada, color azucena, libelular y pluvial. Pantanosa, "toda suavecita". 

Llegando a las azucenas del jardín de mi abuela estaban las libélulas. Las libélulas se comen a los mosquitos. Las anisópteras, como yo, no pueden envolver sus alas alrededor de sus vientres. Libelular le dije a mi mejor amiga y fue la única que me entendió. Nos metamorfoseamos, nos posamos un rato al ritmo de techno que movía las azucenas, vibrando, con voces hundidas en la nubosidad química, sus alitas transparentosas batiendose iridiscentes mientras señalaba las mías del color del celofán, iguales pero distintas, circulares y cruzadas por una línea, existiendo como canicas todas al mismo tiempo, todas flotando en el tiempo. 

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nadita