Mentiría si no dijera que me siento monstruosa, intento recordar cómo eran antes de que fueran, sólo me acuerdo de ellas cuándo empiezan a picar con insistencia, como diciéndome que existen y están ahí. A veces cuando las miro es como eso que dice Sara de mis granos, que parecen cosas que me pegaron en la cara y no un parto de la piel, las siento como elementos alienigenas destruyendo lo que alguna vez fue piel perfecta, suave y blanca. Intento comprender que son también yo y de pronto todo eso porque encerrada me veo obligada a enfrentarme a mi reflejo y mi reflejo no se parece nada a mi visión de mi, queloides incluidos. Quizá deberían estudiar los efectos a larga data de cambios repentinos, de pérdidas mayores en 20 días sin exposición al reflejo. Quizá nadie consideró que el trauma podía pasar después de haberse acostumbrado a alguien frente al espejo. Quizá nadie me dijo que después de con mucho esfuerzo haberme empezado a mirar al espejo me lo quitarían como en las clínicas psiquiátricas, en dónde con desespero todas buscábamos vernos en algún vidrio, de pronto, vi cambiar mi cuerpo en un vidrio hipertecnológico que medio reflejaba a otra persona enferma y de pronto en ese punto viví con base a reflejos de máquinas pero sólo ignoré el mio distorsionado, ni me esforcé por dilucidar que era esa cosa con pelo verde subiendo encima como quién tiene rayos de sol, tentáculos. De pronto una noche cerré los ojos y llegó Tequila jadeando y empecé a pensar que de pronto, como siempre, las dos eramos tan parecidas. A veces me siento con ella y me miro al espejo y le gruño a mi reflejo imitándola, porque ahora la entiendo, esa perra frente al espejo tampoco soy yo.
disclaimer
no sé escribir pero quién sí sabe?
miércoles, julio 29
piel
A veces me gustaría entender a mi cuerpo menos como un cuerpo delimitado por líneas, pero creo que ese privilegio sólo lo tiene quien posee un cuerpo de esos que no se hace sentir a sí mismo, de pronto, un cuerpo menos físico, un cuerpo más inorgánico. Mi cuerpo demanda hiperconsciencia de sí mismo. Me siento como si me estuviera escurriendo entre los dedos, asquerosa. Es curioso, porque en verdad me escurro. Siento que mi cuerpo no se quiere quedar dentro de mi piel. Quizá las pastas que ahora tengo que tomar en la mañana por lo menos me hagan pasar el frío, de pronto no me tendría que cubrir un montón y mi cuerpo desearía ser un cuerpo. Quizá entonces no pasaría la noche mirando el techo con las lágrimas no fuera, sino dentro de las mejillas, gelatinosas, y es curioso, porque las cicatrices se ponen así, gelatinosas, pero como cuando uno tira demasiada gelatina en muy poca agua. Acumulaciones de colágeno. Hendiduras que me recuerdan que tengo un pecho inservible. Las palpo cuando recuerdo que no hay piel tersa.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
nadita