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no sé escribir pero quién sí sabe?

sábado, marzo 30

emBuelto

Hace media hora que abrí los ojos pero sigo tirada en la cama mientras las cruces del costado izquierdo pican, no sé cómo parar el pequeño picor diario pero es distractor.
Va y viene y se siente como cuando las abejas pican, duele un minuto y se va. 
Hay abejas en la puerta y no sé por dónde vienen pero sigo pensando que en este clima de nevera si frost no deberían haber abejas revoloteando cerca a una casa, ni escarabajos, ni mariposas negras de esas que persiguen la luz, pero contra toda mi lógica ahí están.
Contra toda lógica estoy viva después de todo.

Últimamente me siento más desesperada por volver a la universidad, no me hace gracia que dios me haya mejorado para el segundo corte. 
Mientras espero a que la vida pase encuentro más cosas con las qué obsesionarme, anoche fue el neumotorax

no sabía que lo del pulmón había sido un empiema y encontré otra comunidad de enfermos a la que unirme, descubrí que el pulmón no me lo cortaron sino que sacaron infección pielosa y engrosada, o quién sabe qué, 
de seguro me cortaron algo y yo nunca lo voy a saber mientras mi cuerpo trabaje así.

Hasta ahora pertenezco a muchos grupos y no pertenezco a ninguno, 
¿deprimidos?, 
quizá el del trastorno de ansiedad generalizada, 
o el medio trastorno obsesivo que padezco, 
puede ser el de la pancreatitis, 
el de la aguda severa, 
el neumotorax con empiema, 
el de la gente que no sale de un hospital.

Ayer me pareció gracioso que hacía un año estuviera encerrada en una clínica porque era peligrosa para mi misma y luego otra vez y luego otra vez, pero la risa recaía en el hecho de que mientras en un lado yo consciente era un peligro para mi en la otra lo que yo no podía controlar me estaba matando, y no me morí. 
Cada cosa, 
cada respiración me recuerda que no me morí, 
incluso aunque hayan noches en las que no me despierto aquí sino en ese cuarto oscuro de la UCI con las lucecitas de colores alumbrándome y el frío y el sudor recorriendo mi cuerpo en proceso de autodestrucción, 
y a veces no sé qué es mejor, estar aquí medio respirando o que pude haberme muerto 
y perdí la oportunidad.

Es que... 
honestamente no me quiero morir, 
a veces duele lo mucho que quiero estar viva, estar vivo cuesta mucho pero hay partes buenas, 
como cuando pude volver a recibir alimentación oral 
o el día me reí mucho porque mis primos estaban haciendo chistes malos, 
pero no puedo borrar las partes tristes, 
la comida era carne molida sin sal 
y la risa me costó un dolor en las costillas dos semanas. 
Ya me puedo reír.

Y mientras que la perra se me tira en los pies intento pensar en por qué sigo mirando el techo, el punto surrealista sigue sin funcionar y de seguro esto era lo que mi abuela miraba todo el día sabiendo que no podía volver a otro lugar, como el prado en el que siempre se imaginaba corriendo muy a pesar de que ya no podía correr. 

Yo tampoco abuelita, siento que una fuerza me empuja hacía el suelo cada vez que intento sobrepasar mis deficientes capacidades; yo también te extraño abuelita, no te lloré mucho porque el agua no salió pero no había ser en este mundo que me tuviera más compasión, y creo que todos podrían ser más abuelitas conmigo, pero la vida se te mermó más rápido de lo que esperaba, como la leche que miré medio acabarse cuando me enseñaste qué significaba mermar.

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nadita